Desde mi cosmovisión, la sociedad se dispuso a cumplir un celibato emocional.
Se ha negado a sentir por temor a que los lastimen y reprimir todo esto los ha degradado a un nivel de inhertes.
Nos arriesgamos por vanalidades, pero nos falta valor para mostrarnos vulnerables; aun así somos pretenciosamente llamados animales racionales.
Compartiendo soledades en compañía es una buena manera de retarnos a sobrevivir a la alquimia de nuestros tiempos, al anhelo de esa utópica felicidad sin saber si llegaremos a ella.
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