domingo, 4 de enero de 2009

Paraíso oaxaqueño


Ocupé gran parte de mis vacaciones en un viaje a Oaxaca (al fin un viaje fuera de mí misma); exactamente a Puerto Escondido. Al visitar las playas de Zicatela, Carrizalillo y principalmente Bacocho, erróneamente creí que iba a ser un viaje de reflexión. No lo fue hasta su regreso, mientras duró fue uno de aprendizaje logrado a través de una mente que partió de estar en blanco.
Paisajes, sonidos y palabras fuera del contexto diario y probablemente irrepetibles. Al menos si volviera a escucharlos o verlos no los percibiría de la misma forma. Esto en conjunto con extraordinarias personas que conocí, con intereses paralelos a los míos.
Mi silencio, que en realidad habla más de lo que creí, me contó un secreto. En esta ocasión me habló de los puntos vacíos que encontró en algunas relaciones.

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