jueves, 29 de octubre de 2009

"A Orillas del río Piedra me senté y lloré"

(...) Los novios siempre se hacen regalos.
>>El muchacho era pobre: su único bien consistía en un reloj que había heredado del abuelo. Pensando en los bellos cabellos de la amada, decidió vender el reloj para comprar un bonito prendedor de plata.
>>La muchacha tampoco tenía dinero para el regalo de bodas. Entonces, fue hasta la tienda del principal comerciante del lugar y vendió sus cabellos. Con el dinero, compró una cadena de oro para el reloj de su amado.
>> Cuando se encontraron, el día de la fiesta del casamiento, ella le dió a él una cadena para un reloj que había sido vendido, y él le dio a ella un prendedor para unos cabellos que ya no existían.>>



COELHO Paulo, A orillas del río Piedra me senté y lloré, Ed. Grijalbo, traducc. Alfonso Indecona, México 2005,p.219

1 comentario:

Anónimo dijo...

O sea, sorprender con regalos caros es un ritual peligroso. Mejor compra regalos que puedas financiar o por lo menos desglosa tus planes con tu ser querido.

He dicho.