viernes, 20 de noviembre de 2009

Tus ojos no ven, pero aman.



Hace algunas noches tuve un sueño extraño. Freud ha muerto, así que nadie puede desvalorízar mi interpretación.
Entraba en un sótano y las manos de un bebé, casi recién nacido, me recibían. Tardé un poco en contestar su llamado y cargarlo, pues su belleza me dislumbró como nada antes lo había hecho. Era hermoso, su perfección me conmovía y yo ya lo amaba. Lo vi directamente a los ojos, pero su mirada no me seguía. Noté que era ciego, no obstante, su mirada no estaba vacía.
Lo tomé entre mis brazos y me estremecí. El me buscaba, y yo tenía que pegarlo a mi cuerpo para que se tranquilizara. Tenía que olerme, escucharme, sentirme y su cabello bailaba a tono con los latidos de mi corazón. Eramos uno, nos amabamos y nos perteneciamos.
No recuerdo que más pasaba en el sueño, sólo un inexpresable encuentro con un bebé ciego.
Desde esa noche, ese sueño irrumpe en mi vigilia.


Viene a mi mente una plática que mantuve con un amigo hace algunas semanas, "no ver no te desconecta del mundo".


Reflexiono y me gusta pensar que la vista es sólo un cliché de colores.




Mi bebé es ciego, hermoso y perfecto. Sus dedos acarician mi pelo convirtiéndolo en hilos de seda. . Sus ojos verdes, nublados, son una menta que trae frescura a mis días.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Debes ser fiel a lo que dices y a lo que prometes.

Anónimo dijo...

Para los sueños hay muchas interpretaciones, intenta otra.